Cristobal Orbegozo

VISION EMPRESARIAL BASADA EN LA PALABRA DE DIOS

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TEMORES AL EMPRENDER

2da. Sam. 10:12

            “Esfuérzate, y esforcémonos por nuestro pueblo, y por las ciudades de nuestro Dios; y haga Jehová lo que bien le pareciere”.

Uno de los problemas que he encontrado a través de las charlas que he impartido, es que la gente tiene temor al fracaso; esto es muy común en la gente; y por eso me he planteado la siguiente pregunta ¿cuáles son las dudas que tienes a la hora de emprender un proyecto?

Entendiendo que el emprendimiento, fundamentalmente es aquella actitud y aptitud del individuo que le permite comenzar distintos retos, nuevos proyectos, adelantar un paso más, ir más allá de lo que ya ha alcanzado; es lo que hace que una persona esté descontenta con lo que es y lo que ha conseguido, y como resultado de ello, pretenda descubrir mayores logros.  Ahora bien ¿Qué limita que consigas el resultado deseado? La respuesta es muy sencilla, el miedo, y éste es el principal factor que nos afecta a la hora de querer emprender, expandir, crear, innovar o salir de nuestra zona de confort. ¿Y miedo a qué? Miedo a fracasar, miedo a los cambios, miedo a lo nuevo, miedo a lo desconocido.

– Uno de los frenos del emprendedor es el temor a lo desconocido, ya que lo nuevo asusta, por eso el miedo a los cambios, pero Dios nos está llamando a cruzar la barrera del temor y aceptar los desafíos que se presentan; los cambios son buenos, aunque muchas veces duelan.

Cuando Dios le dijo a Moisés que enviara espías a explorar la tierra prometida lo primero que le mencionó era que los enviaría “a la tierra que estaba por entregarles” (Núm. 13: 2); cuando Dios te da una idea no es para que te dé miedo iniciarla; nunca pienses que va a ser fácil, pero si Dios te da una orden, comienza por explorarla, por ver lo bueno que vas a sacar de allí, los frutos que vas a obtener al emprender esa idea, de los beneficios que vas a obtener para ti, para tu familia, los empleados y aún para la congregación donde te reunes, pero no puedes ver ese objetivo a través de los obstáculos que se te van a presentar aún desde el inicio de ese proyecto, más aún en un país como Venezuela donde pareciera que es mejor ponerle trabas a la gente para que no inicie su idea en lugar de facilitar todos los trámites en aras de tener un país productivo.

Cuando los espías fueron a explorar la tierra, vemos en el versículo 33 del mismo capítulo, que los espías ya estaban derrotados antes de empezar a luchar por la tierra que ya Dios había dicho que les iba a entregar; recuerda que no es quien va a emprender el proyecto lo que te garantiza el éxito, es el que te dice que lo hagas lo que te garantiza el éxito de tu emprendimiento, y cuando Dios te dice que inicies algo es porque El va delante de ti como poderoso gigante abriendo todos los caminos (obstáculos) que se te puedan presentar. “También vimos allí a los gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les pareciamos a ellos”  (Ver. 33). Este es el fiel ejemplo de una persona que se conforma con lo que tiene, ya que ve el emprendimiento como un gigante imposible de alcanzar; por eso prefieren la incomodidad del desierto en lugar del éxito y la bendición de tener su propia empresa -la tierra prometida-, porque conquistar la tierra prometida requiere esfuerzo, dedicación, preparación, y muchas veces hasta frustraciones.

 Si tu comienzas por ver la cantidad de trámites que tienes que hacer, si vez que el mercado está inundado por grandes empresarios, si te parece que no hay cabida para más empresarios, entonces ya estás derrotado desde antes de iniciar tu proyecto; pero si verdaderamente estás determinado(a) a iniciar tu empresa, confiando en la Palabra que te ha sido impartida, no habrá nadie, ningún obstáculo que sea lo suficientemente grande como para detenerte.

Es necesario salir del conformismo, el otro enemigo y mayor freno que se presenta al emprendedor. El conformismo te lleva a quedarte como estás, a no querer salir de la situación ni progresar, el conformismo te estanca y te frena.  El conformismo detiene el crecimiento, se queda con la situación actual, la acepta como natural e incambiable. Podemos decir, entonces, que el conformismo es una forma de resignación. Dios no creó al hombre para que se conforme, para que se estanque, él lo creó para que se desarrolle, para que se supere cada día ya que puso en él un gran potencial, como dice el libro Eclesiastés: “… y ha puesto eternidad en su corazón”.   Una semilla puede estar en un frasco guardada por mucho tiempo, pero cuando entra en contacto con la tierra y el agua, comienza a florecer y a producir; esa es la razón para la que fue creada.  Este ejemplo nos enseña lo importante que es salir del conformismo, nosotros tenemos el potencial para ser emprendedores, no nos encerremos en un frasco de vidrio, sembrémonos en la buena tierra y produzcamos.  De hecho el mandato de Dios es el de superarnos y crecer más cada día.  Incluso el conformarse con lo bueno es malo, ya que Dios te llama para lo mejor, ya que lo mejor está por venir.

Miedo a la incomprensión de los que no entienden al emprendedor, el qué dirán. No es de extrañar que siempre se levanten los que opinan de todo sin saber nada, aquellos que “le ponen el palo a la rueda”. Ejemplo de esto lo podemos ver en Eliab, hermano mayor de David; fijénse las palabras de este hombre en referencia a su hermano menor y el desprecio con que se refirió a él.   “Y oyéndolo hablar Eliab su hermano mayor con aquellos hombres, se encendió en ira contra David y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido (1ra. Sam. 17: 28).  David no fue allí para ver la batalla, David fue para ser el protagonista de la batalla, porque cuando Dios te da una Palabra llegará el momento justo, el lugar correcto y el tiempo indicado para que tú seas el protagonista de tu propio emprendimiento; por eso es importante entender bien los tiempos, y éste es el mejor tiempo para emprender, porque mientras los hijos de las tinieblas están cerrando sus negocios cada día, nosotros debemos demostrar que nuestro Dios es un Dios que no sólo nos llamó, si no que nos ungió para un día cumplir su propósito en nosotros, y el propósito de Dios es que tú seas el dueño de tu propio negocio.

El que decide ser emprendedor tendrá que entender que caminará por un lugar por el cual no hay camino, tendrá que ver las oportunidades que otros no pueden ver. El emprendedor irá contra la corriente –como el salmón- tendrá que hacer frente al desaliento y al desánimo. El emprendedor no deberá oír a los que dicen que no se puede.

Un fiel ejemplo de esto lo vemos en el rey Saúl, el jefe de gobierno, que se supone que debe darle aliento a su pueblo en medio de la batalla, más bien trató de minimizar a David y lo menospreció también; noten sus palabras de desaliento y desánimo hacia el joven emprendedor.  Dijo Saúl a David: “No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres un muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud”. (1ª Sa. 17: 33). Parecieran retumbar en mis oídos las mismas palabras del rey Saúl: ¡No podrás ir tú contra aquél filisteo!! Es como si alguien te estuviera susurrando al oído: No podrás abrir tu propia empresa, mira todas las trabas que te han puesto, mejor quédate como estás, o como empleado, en lugar de abrir tu propio negocio, pero aún así en medio de cualquier adversidad te quiero animar a que te levantes y determines darte una oportunidad; no será fácil, tendrás que dejar la comodidad del sueldo, de la dependencia de otro y tendrás que esforzarte y ser muy valiente, pero te aseguro que si pones todo el empeño en lo que emprendas verás resultados extraordinarios.

Pr./Emp. Cristóbal Orbegozo

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